Después de una semana de bajas blogueras, anuncio la mía también: hasta aquí hemos llegado.
El mercado inmobiliario tal y como lo conocíamos ha muerto y no tiene sentido seguir escribiendo sobre una realidad que ya no existe. Como si de una estrella apagada, su luz nos seguirá iluminando un tiempo. Yo voy a empezar a buscar luz por otra parte.
Así pues, ello voy a dejar de escribir en este blog. Lo dejaré en la red, pero he tomado la decisión de no dedicarle más tiempo. Por eso también bloquearé los comentarios. Ha sido un placer conversar con vosotros, pero, a partir de ahora no seguiré haciéndolo en este canal.
Aprovecho esta última entrada para hablar sobre el nuevo mercado inmobiliario. Una realidad que ya está aquí y que, al menos durante unos años, cambiará las reglas del juego en esto de buscar piso.
Por todas partes se han publicado las noticias relacionadas con el desembarco masivo de entidades financieras en el mercado inmobiliario, pero se habla poco de sus consecuencias. La información, de corte básicamente publicitario, viene acompañada, de noticias agoreras sobre la situación financiera. Tal vez sea un suicidio financiero, pero se está empujando al ahorrador a refugiarse en el ladrillo ante el riesgo del corralito, neopesetización y no se que otros escenarios más o menos madmaxistas.
A lo largo de la próxima semana empezarán a aparecer nuevos portales inmobiliarios de distintas entidades financieras, que se sumarán a los que ya existen. Es la estrategia para colocar los cerca de 80.000 embargos previstos para este año, así como para dar salida a ese millón de viviendas de nueva construcción que encuentran comprador y los constructores "regalan" a los bancos.
Durante los próximos meses los ahorros de muchas personas serán drenados hacia estos activos inmobiliarios. Lo de menos serán los precios de salida en los nuevos portales inmobiliarios. La situación de psicosis, el aparente clima de oportunidad y los mensajes publicitarios crearán la sensación de buen momento para comprar. Unos para aprovechar la ocasión de emanciparse y hacer la realidad la ilusión de poseer una vivienda, otros para alquilar, ahora que los precios están altos. ¿Alguien se parará a pensar por qué esos pisos salen a la venta?
El mercado inmobiliario, tal y como lo conocíamos, ha muerto.
A partir de ahora, para hablar con propiedad, tendremos que referirnos a la asignación de activos inmobiliarios. El proceso será similar al que se desarrolla hasta ahora, con una diferencia: el vendedor dispondrá de toda la información. La asimetría será importante, hasta el extremo de pervertir el juego.
Supongo que es la única estrategia posible para evitar la caída fulminante de los precios de la vivienda: crear un mercado total y absolutamente intervenido. Pero no mediante leyes o a través de la participación de la Administración. El mercado estará controlado por uno de los agentes interesados: las entidades financieras.
Las ferias primaverales serán la verdadera prueba de fuego: si se consigue vender sin grandes bajadas reales en los precios de salida, estos podrán mantenerse, por lo menos hasta que vuelvan el gris otoño y sus rebajas de cara al invierno. Si las cuentas salen, a fin de año se formalizará la estabilización y el nuevo orden inmobiliario.
Cuando alguien quiera comprar un piso podrá acudir al “mercado libre”, donde particulares y “agentes inmobiliarios tradicionales” le marearán para intentar colocarle lo que tienen a precios guiados por expectativas (fundadas o no) de máximo beneficio y con el incentivo de comisiones porcentuales sobre la venta.
La otra opción, cada vez más práctica, será acudir a una entidad financiera que conoce nuestra realidad económica. Allí, a cambio de garantizarse un flujo monetario seguro, nos colocarán un activo más o menos ajustado a nuestras expectativas.
Así pues, a medio plazo se alcanzará un equilibrio monetario fijado entre la capacidad financiera de los particulares y las necesidades de liquidez de las entidades financieras, que irán soltando al mercado en función de sus propias necesidades.
A medio plazo, en una ciudad como Madrid, los alquileres se estabilizarán en cifras alrededor de los 400 euros mensuales, por debajo si hablamos de estudios para jóvenes mileuristas, algo superiores a 600 para parejas por pisos de tres dormitorios. Las ventas irán en ese orden, con un precio ajustado a la realidad de cuotas hipotecarias alrededor de los 500 euros mensuales y precios totales que estarán entre 3 y 4 veces el salario de los compradores que, previamente, dispongan de ahorros suficientes como para que la entidad financiera quiera cambiarlos por un piso y una hipoteca.
Lo dicho. El pasapisero y el porqueyolovalguista están en vías de extinción. Los "regalos a los bancos" han dado sus frutos en forma de un mercado con unas reglas claras. Un mercado plano, sin chollos y sin grandes márgenes de negociación: ladrillos son lentejas, si quieres los coges y si no los dejas.
Yo me retiro del mundanal ruido. Ha sido un placer.
PD: no quería acabar esta entrada sin ofrecerme como agente comercial a tiempo parcial para cualquier entidad inmobiliaria que necesite un treintañero con buena presencia, experiencia comercial incluyendo ferias y ponencias en congresos, conocimiento de la blogosfera inmobiliaria y de la realidad inmobiliaria de la capital, especializado en el cuadrante entre la carretera de Valencia y la de Barcelona.
El mercado inmobiliario tal y como lo conocíamos ha muerto y no tiene sentido seguir escribiendo sobre una realidad que ya no existe. Como si de una estrella apagada, su luz nos seguirá iluminando un tiempo. Yo voy a empezar a buscar luz por otra parte.
Así pues, ello voy a dejar de escribir en este blog. Lo dejaré en la red, pero he tomado la decisión de no dedicarle más tiempo. Por eso también bloquearé los comentarios. Ha sido un placer conversar con vosotros, pero, a partir de ahora no seguiré haciéndolo en este canal.
Aprovecho esta última entrada para hablar sobre el nuevo mercado inmobiliario. Una realidad que ya está aquí y que, al menos durante unos años, cambiará las reglas del juego en esto de buscar piso.
Por todas partes se han publicado las noticias relacionadas con el desembarco masivo de entidades financieras en el mercado inmobiliario, pero se habla poco de sus consecuencias. La información, de corte básicamente publicitario, viene acompañada, de noticias agoreras sobre la situación financiera. Tal vez sea un suicidio financiero, pero se está empujando al ahorrador a refugiarse en el ladrillo ante el riesgo del corralito, neopesetización y no se que otros escenarios más o menos madmaxistas.
A lo largo de la próxima semana empezarán a aparecer nuevos portales inmobiliarios de distintas entidades financieras, que se sumarán a los que ya existen. Es la estrategia para colocar los cerca de 80.000 embargos previstos para este año, así como para dar salida a ese millón de viviendas de nueva construcción que encuentran comprador y los constructores "regalan" a los bancos.
Durante los próximos meses los ahorros de muchas personas serán drenados hacia estos activos inmobiliarios. Lo de menos serán los precios de salida en los nuevos portales inmobiliarios. La situación de psicosis, el aparente clima de oportunidad y los mensajes publicitarios crearán la sensación de buen momento para comprar. Unos para aprovechar la ocasión de emanciparse y hacer la realidad la ilusión de poseer una vivienda, otros para alquilar, ahora que los precios están altos. ¿Alguien se parará a pensar por qué esos pisos salen a la venta?
El mercado inmobiliario, tal y como lo conocíamos, ha muerto.
A partir de ahora, para hablar con propiedad, tendremos que referirnos a la asignación de activos inmobiliarios. El proceso será similar al que se desarrolla hasta ahora, con una diferencia: el vendedor dispondrá de toda la información. La asimetría será importante, hasta el extremo de pervertir el juego.
Supongo que es la única estrategia posible para evitar la caída fulminante de los precios de la vivienda: crear un mercado total y absolutamente intervenido. Pero no mediante leyes o a través de la participación de la Administración. El mercado estará controlado por uno de los agentes interesados: las entidades financieras.
Las ferias primaverales serán la verdadera prueba de fuego: si se consigue vender sin grandes bajadas reales en los precios de salida, estos podrán mantenerse, por lo menos hasta que vuelvan el gris otoño y sus rebajas de cara al invierno. Si las cuentas salen, a fin de año se formalizará la estabilización y el nuevo orden inmobiliario.
Cuando alguien quiera comprar un piso podrá acudir al “mercado libre”, donde particulares y “agentes inmobiliarios tradicionales” le marearán para intentar colocarle lo que tienen a precios guiados por expectativas (fundadas o no) de máximo beneficio y con el incentivo de comisiones porcentuales sobre la venta.
La otra opción, cada vez más práctica, será acudir a una entidad financiera que conoce nuestra realidad económica. Allí, a cambio de garantizarse un flujo monetario seguro, nos colocarán un activo más o menos ajustado a nuestras expectativas.
Así pues, a medio plazo se alcanzará un equilibrio monetario fijado entre la capacidad financiera de los particulares y las necesidades de liquidez de las entidades financieras, que irán soltando al mercado en función de sus propias necesidades.
A medio plazo, en una ciudad como Madrid, los alquileres se estabilizarán en cifras alrededor de los 400 euros mensuales, por debajo si hablamos de estudios para jóvenes mileuristas, algo superiores a 600 para parejas por pisos de tres dormitorios. Las ventas irán en ese orden, con un precio ajustado a la realidad de cuotas hipotecarias alrededor de los 500 euros mensuales y precios totales que estarán entre 3 y 4 veces el salario de los compradores que, previamente, dispongan de ahorros suficientes como para que la entidad financiera quiera cambiarlos por un piso y una hipoteca.
Lo dicho. El pasapisero y el porqueyolovalguista están en vías de extinción. Los "regalos a los bancos" han dado sus frutos en forma de un mercado con unas reglas claras. Un mercado plano, sin chollos y sin grandes márgenes de negociación: ladrillos son lentejas, si quieres los coges y si no los dejas.
Yo me retiro del mundanal ruido. Ha sido un placer.
PD: no quería acabar esta entrada sin ofrecerme como agente comercial a tiempo parcial para cualquier entidad inmobiliaria que necesite un treintañero con buena presencia, experiencia comercial incluyendo ferias y ponencias en congresos, conocimiento de la blogosfera inmobiliaria y de la realidad inmobiliaria de la capital, especializado en el cuadrante entre la carretera de Valencia y la de Barcelona.







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