Primera etapa: para evitar colapsos por impagos, el Banco de España admitió que cajas y bancos cancelaran créditos a cambio de adjudicarse los activos inmobiliarios que los garantizaban: suelo, promociones a medio terminar y promociones sin vender. Ese proceso está a punto de cerrarse y desde el Santander o la Caixa hasta la mas pringada de las cajas ya han aprovechado la herramienta. Prácticamente todas las entidades presentan mejores ratios de impagados que hace seis meses, no por una mejora de la situación o de la gestión de impagados, sino porque han variado los criterios de contabilización de los mismos.
Segunda etapa. Para animar/forzar la venta de esos activos inmobiliarios, verdaderamente tóxicos, de valor incierto porque no se cruzan operaciones significativas de compra venta el Banco de España establece que las entidades deben provisionar un diez por ciento adicional al valor escriturado de esos activos, en el caso de que no se hayan vendido en el plazo de un año. Esa medida, cuando entre en vigor, se dice que dentro de dentro de pocas semanas, obligará a las entidades a reconocer el real valor de mercado de viviendas, suelos, etc., ya que si su valoración continua siendo alta (como lo es ahora), también las proviones correspondientes serán altas y arruinarán la cuenta de resultados.
Tercera y última etapa. Vuelta al punto de partida: los activos inmobiliarios no vendidos deberán ser contabilizados a valor cero, y no podrán ser admitidos como pago de cancelación de créditos. Ya digo que el Banco de España calcula que ese proceso puede cumplirse en tres años y que ahora estamos en el tránsito de la primera a la segunda etapa.
Se nota que estamos en ese tránsito precisamente en que lo que ofrecen las entidades financieras son viviendas que difícilmente encontrarán demanda en un futuro próximo y que, en todo caso, serán compradas ahora ante la
desinformación y el pánico al aumento de los impuestos y al recorte de los beneficios en el ahorro. Como si no hubiese
triquiñuelas fiscales alternativas al ladrillo.
Tres años...
otro plazo que merece la pena considerar antes de ponerse a comprar vivienda a lo loco en este
escenario de bajadas y
aumento de la oferta en el que
el alquiler permite ahorro respecto a la caída interanual de precios de compra venta... sin plantear la posibilidad de que nos encontramos en un
punto de inflexión en el que está todo a punto de acelerarse.